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Mestizo – Pedro Godoy

El tema apasiona. Es una de las piedras fundacionales de una nueva política. Nuestras izquierdas -por un siglo- son muy aficionadas a lo jurídico, a lo político, a lo económico y algo a lo sociológico. Lo atingente a la plasmación de la etnia iberoamericana, es decir, de 500 millones de individuos que al decir de Bolívar “no son europeos ni indios, sino  un pequeño género humano mixto” no interesó mayormente. Eran entonces y ahora el 90% de la población. En la fase de la Independencia -los “avanzados”- se preocuparon hipócritamente por las minorías indígenas. Después propician aniquilarlas juzgándola un lastre. En el XX -durante los años 30 vuelven esos “avanzados” con la indolatría y acorde a la política de las nacionalidades vigente en la Rusia de entonces aluden, por ejemplo, a la “república quechua” o a la “república aimará”. Ahora los “nietos”, “bisnietos” o “taranietos” de estos y aquellos “avanzados” del ayer remoto e intermedio vuelven con el indigenismo. Esta vez con financiamiento europeo y norteamericano. Los inquietan las “minorías” -sobre todo si son “raciales” o “sexuales” y también”ambientales”.  La “mayoría étnica”, esos millones de hijos de este “mundo ancho y ajeno”, se ignora. No está “en onda”. La moda son indígenas y “maricas” e impedir el desarrollo pretextando la defensa del paisaje…
Por lo anotado es muy oportuno el texto publicado en “El País” que Andrés Soliz Rada, con agudeza, redistribuye. Ahora lo reproduce R-P. En Chile hasta la palabra está en desuso. La emplean sólo los operarios de la construcción para aludir una vivienda con base de  ladrillo y el resto madera. Sin embargo, el hijo de inmigrante jamás será definido como mestizo. Sería denigrante. Tampoco al estilo estadounidense, por ejemplo, grecochileno, ítalochileno… Aquí el descastamiento es tan hondo que se recurre a dos estrategias: si el apellido inicial es el forastero se dirá “descendiente de…”, verbi gracia, alemán o francés. Si el apellido materno es criollo se esconde bajo “7 llaves”. Aquí el eurocentrismo da cartel de título nobiliario a un apellido exótico. El de raíz nacional “no viste”. La gente muy pobre -aquella que vive, sobrevive y convive en los barrios marginales- imposibilitados de disponer de apellidos europeos acude ante el Registro Civil con nombres “gringos” para sus retoños. Así es oceánica la muchedumbre de Johnatan y Karen. Es un esfuerzo por”engringarse” a cualquier precio..
La expresión mestizo es pletórica de contenido. Su significado define a “la mayoría étnica” -cabecitas negras, guachafos, cholos, flaites, pelaos…- son aquel “genéro humano mixto”. Reitérese: “mixto” es mixturado y no sólo designa un plantel escolar en el cual estudian damas y varones. El pueblo iberoamericano -de Tierra del Fuego a Río Grande- es mestizo. Habrán grupos en que genéticamente predomina lo lusohispano y en otros lo aborígen y también, está lo africano. Eso se manifestará en el pigmento con las valoraciones socioculturales que implica. Sin embargo, como lo sostiene Rubén Blades “somos  hijos de la mezcla” tema cuyo ideólogo fuera -a horcajadas del México insurgente de los 20- José Vasconcelos con la obra “Raza cósmica”. Nuestros mediocres docentes aluden al mestizaje, pero a título episódico al disertar sobre la mal llamada Colonia. De allí en adelante el vocablo, con toda su carga axiológica y política, cae en desuso. El tema difundido por Andrés  Soliz Rada no se agota con lo expuesto. Juzgo que nuestros obuses y misiles deben endilgarse a la Leyenda Negra que denigra a España y Portugal. Es la Península la que, por la naturaleza misma del proceso  iberizador, la que fomenta el mestizaje.

El tema apasiona. Es una de las piedras fundacionales de una nueva política. Nuestras izquierdas -por un siglo- son muy aficionadas a lo jurídico, a lo político, a lo económico y algo a lo sociológico. Lo atingente a la plasmación de la etnia iberoamericana, es decir, de 500 millones de individuos que al decir de Bolívar “no son europeos ni indios, sino  un pequeño género humano mixto” no interesó mayormente. Eran entonces y ahora el 90% de la población. En la fase de la Independencia -los “avanzados”– se preocuparon hipócritamente por las minorías indígenas. Después propician aniquilarlas juzgándola un lastre. En el XX -durante los años 30 vuelven esos “avanzados” con la indolatría y acorde a la política de las nacionalidades vigente en la Rusia de entonces aluden, por ejemplo, a la “república quechua” o a la “república aimará”. Ahora los “nietos”, “bisnietos” o “taranietos” de estos y aquellos “avanzados” del ayer remoto e intermedio vuelven con el indigenismo. Esta vez con financiamiento europeo y norteamericano. Los inquietan las “minorías” -sobre todo si son “raciales” o “sexuales” y también “ambientales”.  La “mayoría étnica”, esos millones de hijos de este “mundo ancho y ajeno”, se ignora. No está “en onda”. La moda son indígenas y “maricas” e impedir el desarrollo pretextando la defensa del paisaje…

Por lo anotado es muy oportuno el texto publicado en “El País” que Andrés Soliz Rada, con agudeza, redistribuye. Ahora lo reproduce R-P. En Chile hasta la palabra está en desuso. La emplean sólo los operarios de la construcción para aludir una vivienda con base de  ladrillo y el resto madera. Sin embargo, el hijo de inmigrante jamás será definido como mestizo. Sería denigrante. Tampoco al estilo estadounidense, por ejemplo, grecochileno, ítalochileno… Aquí el descastamiento es tan hondo que se recurre a dos estrategias: si el apellido inicial es el forastero se dirá “descendiente de…”, verbi gracia, alemán o francés. Si el apellido materno es criollo se esconde bajo “7 llaves”. Aquí el eurocentrismo da cartel de título nobiliario a un apellido exótico. El de raíz nacional “no viste”. La gente muy pobre -aquella que vive, sobrevive y convive en los barrios marginales- imposibilitados de disponer de apellidos europeos acude ante el Registro Civil con nombres “gringos” para sus retoños. Así es oceánica la muchedumbre de Johnatan y Karen. Es un esfuerzo por “engringarse” a cualquier precio..

La expresión mestizo es pletórica de contenido. Su significado define a “la mayoría étnica” -cabecitas negras, guachafos, cholos, flaites, pelaos…- son aquel “genéro humano mixto”. Reitérese: “mixto” es mixturado y no sólo designa un plantel escolar en el cual estudian damas y varones. El pueblo iberoamericano -de Tierra del Fuego a Río Grande- es mestizo. Habrán grupos en que genéticamente predomina lo lusohispano y en otros lo aborígen y también, está lo africano. Eso se manifestará en el pigmento con las valoraciones socioculturales que implica. Sin embargo, como lo sostiene Rubén Blades “somos  hijos de la mezcla” tema cuyo ideólogo fuera -a horcajadas del México insurgente de los 20- José Vasconcelos con la obra “Raza cósmica”. Nuestros mediocres docentes aluden al mestizaje, pero a título episódico al disertar sobre la mal llamada Colonia. De allí en adelante el vocablo, con toda su carga axiológica y política, cae en desuso. El tema difundido por Andrés  Soliz Rada no se agota con lo expuesto. Juzgo que nuestros obuses y misiles deben endilgarse a la Leyenda Negra que denigra a España y Portugal. Es la Península la que, por la naturaleza misma del proceso  iberizador, la que fomenta el mestizaje.

De Educa Acción, 10/09/2012.

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