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Ni chicha ni limonada – Mónica Oblitas Zamora

Las diferencias y preferencias son obvias y actúan como hicieron en el pasado, en detrimento del otro. La participación común de los ciudadanos bolivianos, sin importar el origen o el porcentaje de otro origen, está en riesgo si se invisibiliza a los que no se sienten identificados. Y esto pone en peligro la democracia. Clarito
Me lo hice explicar despacio porque los oscuros caminos de la política boliviana se me hacen cada vez más difíciles de entender. ¿Por qué, si en el anterior censo del 2001 no se incluyó el término mestizo, ahora es una necesidad para muchos? En el anterior censo, hace 11 años, la identificación como indígena o no indígena era sólo un dato más, importante pero no determinante. Hoy, con la creación del Estado Plurinacional de Bolivia, es fundamental. La falta del mestizo en el censo es un tremendo hueco.
Casi todos los bolivianos tenemos algún rastro en nuestro árbol genealógico de ascendencia indígena, unos con mayor porcentaje que otros, es la diferencia, pero ahora resulta que si uno es miti-miti, ni chicha ni limonada, o mejor, chicha y limonada, en este censo no cuenta. Aquí se es o no se es o no se es. Punto.
El asunto es que si el censo se torna en un tema de supremacía racial, no hemos avanzado nada como nación ni como personas. Y lamentablemente, pese a que el vicepresidente García Linera, le da matices culturales a su explicación, la papeleta censal le pone terminología étnica lo que es muy grave porque la distribución de escaños en el Legislativo dependerá de los resultados de este censo.
Hoy, aquellos vecinos de La Paz que no se sentían europeos, pero tampoco eran absoluta y tajantemente indígenas, deberán optar otra vez por la opción indígena, como hizo una señora que vivía en Cotahuma y decidió adoptar la nacionalidad aymara porque entonaba más con su realidad.
Más de 500 años de opresión debieron enseñarnos. Estos resabios de injusticia e inequidad continuaron penosamente hasta la llegada al Gobierno del presidente Evo Morales. Querría pensarse que se han eliminado, pero todo indica que no.
Hoy los que nos sentimos mestizos estamos jodidos. Tan claro como que debería entenderse que mestizo más que un tema de sangre, es un acervo cultural.
Siglos de tradiciones mezcladas, de convivencias distintas pero con igual raíz y quizá diferente tierra nos han hecho lo que somos. Y estamos pagando las deudas de aquellos que dividieron y abusaron durante siglos la vendetta de los indígenas, y algunos cuasi indígenas.
Los estudios que han hecho diferentes instituciones y que han mostrado que la cara de Bolivia en más de un 60 por ciento es mestiza (ni chicha ni limonada), se van al tacho.
Es que el Gobierno actual está sostenido por un discurso indigenista, que ha satisfecho a muchos hasta ahora y le ha dado una rentable imagen internacional, pero que no es suficiente para beneficiar a todo el país, y no tiene mucho que ofrecer como alternativa. Las diferencias y preferencias son obvias y actúan como hicieron en el pasado, en detrimento del otro.
La participación común de los ciudadanos bolivianos, sin importar el origen o el porcentaje de otro origen, está en riesgo si se invisibiliza a los que no se sienten identificados. Y esto pone en peligro la democracia. Clarito.
Podría ser tan sencillo cambiar la papeleta del censo, pero con los resultados Bolivia tendría tres tipos de habitantes, los que son indígenas, los que son mestizos y quienes se adscriben a otras identidades culturales y los mestizos seríamos mayoría.
¿Qué tendría que hacer entonces el Gobierno? Gobernar para los bolivianos, atendiendo las necesidades de cada uno, pero sin hacer concesiones por origen.
El viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas (apellido de origen tan español como el flamenco), ha dicho que los mestizos no tienen territorio, cultura, religión ni idioma.  “Quienes se asumen mestizos deberían sustentar por qué debería existir mestizos, (…)”, ha dicho Cárdenas. Entendiendo al mestizo como el común de varios orígenes, ¿no es evidente que estamos aquí y ya vamos desarrollando una vigorosa cultura que copa el país de extremo a extremo?
La autora es periodista

Las diferencias y preferencias son obvias y actúan como hicieron en el pasado, en detrimento del otro. La participación común de los ciudadanos bolivianos, sin importar el origen o el porcentaje de otro origen, está en riesgo si se invisibiliza a los que no se sienten identificados. Y esto pone en peligro la democracia. Clarito

Me lo hice explicar despacio porque los oscuros caminos de la política boliviana se me hacen cada vez más difíciles de entender. ¿Por qué, si en el anterior censo del 2001 no se incluyó el término mestizo, ahora es una necesidad para muchos? En el anterior censo, hace 11 años, la identificación como indígena o no indígena era sólo un dato más, importante pero no determinante. Hoy, con la creación del Estado Plurinacional de Bolivia, es fundamental. La falta del mestizo en el censo es un tremendo hueco.

Casi todos los bolivianos tenemos algún rastro en nuestro árbol genealógico de ascendencia indígena, unos con mayor porcentaje que otros, es la diferencia, pero ahora resulta que si uno es miti-miti, ni chicha ni limonada, o mejor, chicha y limonada, en este censo no cuenta. Aquí se es o no se es o no se es. Punto.

El asunto es que si el censo se torna en un tema de supremacía racial, no hemos avanzado nada como nación ni como personas. Y lamentablemente, pese a que el vicepresidente García Linera, le da matices culturales a su explicación, la papeleta censal le pone terminología étnica lo que es muy grave porque la distribución de escaños en el Legislativo dependerá de los resultados de este censo.

Hoy, aquellos vecinos de La Paz que no se sentían europeos, pero tampoco eran absoluta y tajantemente indígenas, deberán optar otra vez por la opción indígena, como hizo una señora que vivía en Cotahuma y decidió adoptar la nacionalidad aymara porque entonaba más con su realidad.

Más de 500 años de opresión debieron enseñarnos. Estos resabios de injusticia e inequidad continuaron penosamente hasta la llegada al Gobierno del presidente Evo Morales. Querría pensarse que se han eliminado, pero todo indica que no.

Hoy los que nos sentimos mestizos estamos jodidos. Tan claro como que debería entenderse que mestizo más que un tema de sangre, es un acervo cultural.

Siglos de tradiciones mezcladas, de convivencias distintas pero con igual raíz y quizá diferente tierra nos han hecho lo que somos. Y estamos pagando las deudas de aquellos que dividieron y abusaron durante siglos la vendetta de los indígenas, y algunos cuasi indígenas.

Los estudios que han hecho diferentes instituciones y que han mostrado que la cara de Bolivia en más de un 60 por ciento es mestiza (ni chicha ni limonada), se van al tacho.

Es que el Gobierno actual está sostenido por un discurso indigenista, que ha satisfecho a muchos hasta ahora y le ha dado una rentable imagen internacional, pero que no es suficiente para beneficiar a todo el país, y no tiene mucho que ofrecer como alternativa. Las diferencias y preferencias son obvias y actúan como hicieron en el pasado, en detrimento del otro.

La participación común de los ciudadanos bolivianos, sin importar el origen o el porcentaje de otro origen, está en riesgo si se invisibiliza a los que no se sienten identificados. Y esto pone en peligro la democracia. Clarito.

Podría ser tan sencillo cambiar la papeleta del censo, pero con los resultados Bolivia tendría tres tipos de habitantes, los que son indígenas, los que son mestizos y quienes se adscriben a otras identidades culturales y los mestizos seríamos mayoría.

¿Qué tendría que hacer entonces el Gobierno? Gobernar para los bolivianos, atendiendo las necesidades de cada uno, pero sin hacer concesiones por origen.

El viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas (apellido de origen tan español como el flamenco), ha dicho que los mestizos no tienen territorio, cultura, religión ni idioma.  “Quienes se asumen mestizos deberían sustentar por qué debería existir mestizos, (…)”, ha dicho Cárdenas. Entendiendo al mestizo como el común de varios orígenes, ¿no es evidente que estamos aquí y ya vamos desarrollando una vigorosa cultura que copa el país de extremo a extremo?

La autora es periodista

De Los Tiempos, 16/08/2012.

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