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Ser mestizo en Bolivia – José Luis Carrasco Terceros

Se abre el debate: ¿Deberían los mestizos de Bolivia estar representados en la pregunta del censo del 2012 o simplemente, por no sentirse parte de ninguna de las 55 naciones indígenas-originarias, resignarse a ser “los otros o los ningunos”? A seguir, basado en argumentos de la ciencia, de la historia republicana y de la mía propia, trataré de sustentar las razones existenciales de este mayoritario grupo cultural de Sudamérica.
Desde el punto de vista científico, puesto que el 70 por ciento del ADN de un ser humano es igual al de una rata de alcantarilla, que una autoridad pretenda discriminar a los ciudadanos de un país en función de su pertenencia a una raza o grupo étnico raya en lo absurdo, pues todo el género humano es producto de un variopinto entrevero de pueblos y culturas. Luego, es prácticamente imposible encontrar la raza aria o pura.
Latinoamérica se ha transformado en el crisol del mundo, donde todas las razas se cruzaron para dar origen a la América mestiza. Por lo tanto, si por mis venas corre una mezcla de sangre indígena y europea: ¿Cuál puede ser la diferencia entre mi persona frente al canciller Choquehuanca, si los dos pertenecemos a la raza humana y ambos somos bolivianos?
Considerando nuestra historia, ignorar a los mestizos de Bolivia en un censo es como pretender negar toda la herencia republicana que fuimos acumulando desde la Guerra de la Independencia. ¿Dónde quedarían el libertador Andrés de Santa Cruz y Calahumana, el héroe de la Guerra del Pacífico Eduardo Abaroa, los intelectuales Franz Tamayo, Jaime Escalante o el más grande artista boliviano Jaime Laredo? Por no ser indígenas, todos ellos tendrían que archivarse en la historia simplemente como “los otros”.
En lo personal. Vengo de padres mestizos de Tarija y Cochabamba, mi abuelo paterno fue un benemérito sucrense mitad quechua, mitad hispano, su esposa era de una familia de gauchos salteños asentados en el Chaco tarijeño. Durante mi época universitaria viví con mi abuela materna, hija de una tiquipayeña de pollera y de un cochabambino, junto con mi abuelo criollo valluno de Mizque (ojos verdes, piel láctea y cabello blanco). Yo estoy casado con una suiza italo-francesa. Los orígenes de mis primos, todos nacidos en Bolivia, van desde el Medio Oriente y Europa hasta el África. Si tuviera que encasillarme en una raza yo diría que soy mestizo boliviano, igual que toda mi parentela.
Como ciudadanos nacidos en Bolivia, debemos sentirnos orgullosos de nuestro mestizaje y de nuestra milenaria riqueza cultural. El mestizaje reduce el riesgo de enfermedades hereditarias y no debe ser ninguneado en una pregunta mal elaborada por algún burócrata que no sospecha las malignas consecuencias de su accionar y no tiene el necesario conocimiento de nuestro pasado.
Ocultar el mestizaje como identidad boliviana y pretender dividirnos entre indígenas (una de las 55 etnias) y no-indígenas (los otros) nos hundirá en inútiles confrontaciones (urbanos vs rurales, orientales vs occidentales, colonizadores cocaleros quechuas vs indígenas yuracarés, chimanes y trinitarios de las tierras bajas, campesinos vs indígenas, etc., etc.).
Quizás el único que gozaría con esta enfermiza pugna sería el vicepresidente García Linera, porque así tendría datos técnicos para justificar la sentencia con sombra de amenaza que profirió durante la constituyente del 2006: “las minorías tienen que someterse a las mayorías”.
El autor es mestizo boliviano

Se abre el debate: ¿Deberían los mestizos de Bolivia estar representados en la pregunta del censo del 2012 o simplemente, por no sentirse parte de ninguna de las 55 naciones indígenas-originarias, resignarse a ser “los otros o los ningunos”? A seguir, basado en argumentos de la ciencia, de la historia republicana y de la mía propia, trataré de sustentar las razones existenciales de este mayoritario grupo cultural de Sudamérica.

Desde el punto de vista científico, puesto que el 70 por ciento del ADN de un ser humano es igual al de una rata de alcantarilla, que una autoridad pretenda discriminar a los ciudadanos de un país en función de su pertenencia a una raza o grupo étnico raya en lo absurdo, pues todo el género humano es producto de un variopinto entrevero de pueblos y culturas. Luego, es prácticamente imposible encontrar la raza aria o pura.

Latinoamérica se ha transformado en el crisol del mundo, donde todas las razas se cruzaron para dar origen a la América mestiza. Por lo tanto, si por mis venas corre una mezcla de sangre indígena y europea: ¿Cuál puede ser la diferencia entre mi persona frente al canciller Choquehuanca, si los dos pertenecemos a la raza humana y ambos somos bolivianos?

Considerando nuestra historia, ignorar a los mestizos de Bolivia en un censo es como pretender negar toda la herencia republicana que fuimos acumulando desde la Guerra de la Independencia. ¿Dónde quedarían el libertador Andrés de Santa Cruz y Calahumana, el héroe de la Guerra del Pacífico Eduardo Abaroa, los intelectuales Franz Tamayo, Jaime Escalante o el más grande artista boliviano Jaime Laredo? Por no ser indígenas, todos ellos tendrían que archivarse en la historia simplemente como “los otros”.

En lo personal. Vengo de padres mestizos de Tarija y Cochabamba, mi abuelo paterno fue un benemérito sucrense mitad quechua, mitad hispano, su esposa era de una familia de gauchos salteños asentados en el Chaco tarijeño. Durante mi época universitaria viví con mi abuela materna, hija de una tiquipayeña de pollera y de un cochabambino, junto con mi abuelo criollo valluno de Mizque (ojos verdes, piel láctea y cabello blanco). Yo estoy casado con una suiza italo-francesa. Los orígenes de mis primos, todos nacidos en Bolivia, van desde el Medio Oriente y Europa hasta el África. Si tuviera que encasillarme en una raza yo diría que soy mestizo boliviano, igual que toda mi parentela.

Como ciudadanos nacidos en Bolivia, debemos sentirnos orgullosos de nuestro mestizaje y de nuestra milenaria riqueza cultural. El mestizaje reduce el riesgo de enfermedades hereditarias y no debe ser ninguneado en una pregunta mal elaborada por algún burócrata que no sospecha las malignas consecuencias de su accionar y no tiene el necesario conocimiento de nuestro pasado.

Ocultar el mestizaje como identidad boliviana y pretender dividirnos entre indígenas (una de las 55 etnias) y no-indígenas (los otros) nos hundirá en inútiles confrontaciones (urbanos vs rurales, orientales vs occidentales, colonizadores cocaleros quechuas vs indígenas yuracarés, chimanes y trinitarios de las tierras bajas, campesinos vs indígenas, etc., etc.).

Quizás el único que gozaría con esta enfermiza pugna sería el vicepresidente García Linera, porque así tendría datos técnicos para justificar la sentencia con sombra de amenaza que profirió durante la constituyente del 2006: “las minorías tienen que someterse a las mayorías”.

El autor es mestizo boliviano

De Los Tiempos.com, 25/05/2012.

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