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Hablar del Mestizaje, Hoy – Juan Marcelo Columba Fernández

El inicio del 2012 trae consigo un trascendental debate en torno a la exclusión, en la boleta censal, de la palabra “Mestizo/a”, término que designa una macro-identidad colectiva asumida por amplios sectores de la población boliviana. Los recientes y variados aportes a la reflexión sobre el mestizaje en el país constituyen un hecho altamente positivo, pues ponen en evidencia la vigencia e importancia de la temática en cuestión.
Una primera precisión sobre el mestizaje apunta a su tratamiento como un “fenómeno cultural dinámico”, caracterizado por la existencia de espacios de encuentro e interacción generadores de nuevas realidades culturales híbridas. Lamentablemente, este hecho ha venido siendo negado y ocultado por una suerte de fundamentalismo étnico plurinacional, desperdigado en los diferentes niveles de la administración pública boliviana.
El mestizaje tiene manifestaciones culturales bien consolidadas en la literatura, las costumbres y la historia de Bolivia. Al respecto, Keith John Richards, académico inglés cuya tesis doctoral fue publicada bajo el título de “Lo imaginario mestizo”, brinda pautas importantes para comprender el mestizaje en el país, a través del análisis de la novela “Manchay Puytu” de Néstor Taboada Terán. El estudio de Richards destaca el principio dialéctico que subyace al mestizaje, sintetizando nuevas entidades culturales a partir de otras, en un inicio diferentes. Este hecho permite plantear, al menos, tres consideraciones que cuestionan los esencialismos étnicos tanto indio como europeo: primeramente, el carácter mestizo del personaje central, un sacerdote de origen quechua que traiciona la causa india al profesar el credo cristiano pero incurre en herejía por su visión indígena sobre la muerte, en segundo lugar, la combinación de la tradición oral indígena y la tradición escrita europea que originan y particularizan el relato boliviano y, finalmente, la concepción de la ciudad de Potosí como un “lugar de encuentro” surgido durante la colonia; un espacio cosmopolita con la capacidad de fusionar y redefinir identidades que cohabitan un mismo lugar, cosa muy similar a la que acontece, actualmente, en las populosas urbes bolivianas que conforman amplios espacios de interacción cultural entre sus habitantes.
A pesar de existir ostensibles expresiones culturales del mestizaje,  también persisten visiones sesgadas que se empeñan en negar esta contundente realidad. En un reciente artículo, un conocido sacerdote de origen catalán argumentaba que el término “mestizo” en la boleta censal boliviana, remite a un uso racial y anticuado. Esta concepción del término, oculta o ignora la acepción contemporánea que lo define como “proveniente de la mezcla de culturas distintas”, definición no registrada sino hasta la edición de 1992 del Diccionario de la Academia ¿Se pretende, así, construir una representación de la identidad mestiza ligada a la idea de raza y alejada de su concepción cultural? El argumento esgrimido, además de evidenciar su falta de actualización, cae por su propio peso al constatar la gran diversidad de espléndidos mestizajes que caracterizan, en nuestros días, a la sociedad boliviana.
Hablar del mestizaje y reivindicar el término “mestizo”, significa repensar esta identidad cultural dinámica presente a lo largo de todo el territorio nacional, asimismo, constituye un acto militante y comprometido con el derecho a la elección de una identidad colectiva, rechazando los artificiales esencialismos que, desde el poder autoritario y la “intelligentzia” plurinacional, intentan invisibilizar, dividir e incluso “indigenizar” a importantes segmentos de la sociedad boliviana.
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El término “mestizo” y las categorías étnicas del censo nacional boliviano
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El inicio del 2012 trae consigo un trascendental debate en torno a la exclusión, en la boleta censal, de la palabra “Mestizo/a”, término que designa una macro-identidad colectiva asumida por amplios sectores de la población boliviana. Los recientes y variados aportes a la reflexión sobre el mestizaje en el país constituyen un hecho altamente positivo, pues ponen en evidencia la vigencia e importancia de la temática en cuestión.
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Una primera precisión sobre el mestizaje apunta a su tratamiento como un “fenómeno cultural dinámico”, caracterizado por la existencia de espacios de encuentro e interacción generadores de nuevas realidades culturales híbridas. Lamentablemente, este hecho ha venido siendo negado y ocultado por una suerte de fundamentalismo étnico plurinacional, desperdigado en los diferentes niveles de la administración pública boliviana.
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El mestizaje tiene manifestaciones culturales bien consolidadas en la literatura, las costumbres y la historia de Bolivia. Al respecto, Keith John Richards, académico inglés cuya tesis doctoral fue publicada bajo el título de “Lo imaginario mestizo”, brinda pautas importantes para comprender el mestizaje en el país, a través del análisis de la novela “Manchay Puytu” de Néstor Taboada Terán. El estudio de Richards destaca el principio dialéctico que subyace al mestizaje, sintetizando nuevas entidades culturales a partir de otras, en un inicio diferentes. Este hecho permite plantear, al menos, tres consideraciones que cuestionan los esencialismos étnicos tanto indio como europeo: primeramente, el carácter mestizo del personaje central, un sacerdote de origen quechua que traiciona la causa india al profesar el credo cristiano pero incurre en herejía por su visión indígena sobre la muerte, en segundo lugar, la combinación de la tradición oral indígena y la tradición escrita europea que originan y particularizan el relato boliviano y, finalmente, la concepción de la ciudad de Potosí como un “lugar de encuentro” surgido durante la colonia; un espacio cosmopolita con la capacidad de fusionar y redefinir identidades que cohabitan un mismo lugar, cosa muy similar a la que acontece, actualmente, en las populosas urbes bolivianas que conforman amplios espacios de interacción cultural entre sus habitantes.
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A pesar de existir ostensibles expresiones culturales del mestizaje,  también persisten visiones sesgadas que se empeñan en negar esta contundente realidad. En un reciente artículo, un conocido sacerdote de origen catalán argumentaba que el término “mestizo” en la boleta censal boliviana, remite a un uso racial y anticuado. Esta concepción del término, oculta o ignora la acepción contemporánea que lo define como “proveniente de la mezcla de culturas distintas”, definición no registrada sino hasta la edición de 1992 del Diccionario de la Academia ¿Se pretende, así, construir una representación de la identidad mestiza ligada a la idea de raza y alejada de su concepción cultural? El argumento esgrimido, además de evidenciar su falta de actualización, cae por su propio peso al constatar la gran diversidad de espléndidos mestizajes que caracterizan, en nuestros días, a la sociedad boliviana.
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Hablar del mestizaje y reivindicar el término “mestizo”, significa repensar esta identidad cultural dinámica presente a lo largo de todo el territorio nacional, asimismo, constituye un acto militante y comprometido con el derecho a la elección de una identidad colectiva, rechazando los artificiales esencialismos que, desde el poder autoritario y la “intelligentzia” plurinacional, intentan invisibilizar, dividir e incluso “indigenizar” a importantes segmentos de la sociedad boliviana.
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Juan Marcelo Columba Fernández es lingüista y professor universitario.
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De Glossae, 09/01/2012.
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